En los últimos tiempos hemos visto cómo muchas empresas se vuelcan en combustibles alternativos y menos lesivos para el medio ambiente. Este desafío se traslada a la competición, donde ya hay empresas trabajando en ello.
Como ya hemos visto en diferentes ocasiones, la industria de la automoción se está moviendo siguiendo diferentes caminos y todos ellos en busca de la mayor eficiencia posible, con el menor impacto al medioambiente. La apuesta por lo eléctrico es el gran movimiento a día de hoy a pesar de los desafíos que implica, y más aun con una crisis energética como la actual y el precio de la electricidad por las nubes. Eso por no hablar de que mucha de la energía eléctrica a día de hoy se genera a base de carbón, y otras energías poco amigas de la naturaleza. También hemos visto que otras empresas están apostando fuerte por el hidrógeno ,ya sea para generar electricidad o para ser usado como combustible. Y tampoco podemos pasar por alto que hay una tercera opción, la del combustible “sin emisiones”, en la que se está trabajando por parte también de una gran parte de la industrial.
El caso es que todas estas opciones se están desarrollando principalmente para el usuario final y el día a día, pero hay una gran industria que todavía no está avanzando mucho en ese sentido y es la de la competición. Y es que además de ser un deporte, al menos en su espíritu inicial, la competición ha sido siempre un banco de pruebas y una industria capaz de generar no sólo grandes cantidades de dinero sino “inventos” que luego se han ido popularizando en los vehículos de calle. Una muestra en las motos podría ser el control de tracción o el airbag para los pilotos.
El caso es que todas estas opciones se están desarrollando principalmente para el usuario final y el día a día, pero hay una gran industria que todavía no está avanzando mucho en ese sentido y es la de la competición. Y es que además de ser un deporte, al menos en su espíritu inicial, la competición ha sido siempre un banco de pruebas y una industria capaz de generar no sólo grandes cantidades de dinero sino “inventos” que luego se han ido popularizando en los vehículos de calle. Una muestra en las motos podría ser el control de tracción o el airbag para los pilotos.


