Elon Musk, el visionario detrás de Tesla y SpaceX, ha vuelto a dejar claro por qué su compañía de vehículos eléctricos no entrará jamás al mercado de las dos ruedas. A pesar de la insistencia de los fanáticos y la creciente demanda por una «Tesla Model M», el magnate mantiene una postura inamovible: las motocicletas son demasiado peligrosas para los estándares de seguridad que él pretende establecer en el transporte moderno.

La razón detrás de esta negativa no es solo empresarial, sino profundamente personal y traumática. Durante su juventud, Musk fue un entusiasta de las motos de cross y llegó a conducir motos de carretera hasta los 17 años, pero un incidente crítico cambió su perspectiva para siempre. Una experiencia cercana a la muerte, al ser casi arrollado por un camión mientras conducía, marcó el fin de su etapa como motociclista.
Desde aquel episodio, el CEO de Tesla ha desarrollado una aversión técnica hacia este tipo de vehículos en entornos urbanos. Para Musk, el problema fundamental radica en la vulnerabilidad extrema del conductor, algo que ni siquiera la tecnología de conducción autónoma más avanzada podría mitigar por completo. Según sus propias palabras, el riesgo de mortalidad es simplemente inaceptable en comparación con los coches.
Mientras competidores como BMW, Ducati o incluso nuevas marcas eléctricas ganan terreno, Tesla prefiere centrarse en el desarrollo de su Cyberquad. Este vehículo de cuatro ruedas, diseñado inicialmente para niños y como accesorio de la Cybertruck, parece ser el único acercamiento que la firma tendrá con el mundo «off-road», evitando siempre la inestabilidad intrínseca de las dos ruedas.
La comunidad de usuarios pro-Tesla ha intentado convencerlo durante años con diseños conceptuales y peticiones masivas, argumentando que una moto Tesla revolucionaría la movilidad sostenible. Sin embargo, Musk se mantiene firme en que su misión es acelerar la transición hacia una energía segura, y en su visión del futuro, las motos no encajan por su falta de estructura protectora.
Este «jarro de agua fría» llega en un momento donde la micromovilidad eléctrica está en su punto más alto de adopción global. Al cerrar la puerta a las motocicletas, Tesla deja un vacío enorme en el mercado premium que otras marcas están aprovechando rápidamente, aunque ninguna con el peso mediático que tendría un producto bajo el sello de la «T» plateada.

En definitiva, mientras Musk esté al mando, los moteros del mundo tendrán que buscar su dosis de adrenalina eléctrica en otros fabricantes. Su trauma personal se ha convertido en una barrera tecnológica infranqueable, confirmando que la seguridad, bajo su estricta definición, es incompatible con la libertad y el riesgo que definen a la cultura motociclista tradicional.

