Hubo una época en la que el verde era considerado un color de mala suerte en las carreras. Kawasaki decidió desafiar esa creencia y terminó convirtiéndolo en parte de su identidad.
Hoy es prácticamente imposible pensar en una Kawasaki deportiva sin imaginar su característico verde lima. Sin embargo, este color no nació simplemente como una elección estética. Su historia está relacionada con una antigua superstición del mundo de las carreras.
Durante buena parte del siglo XX, el verde era considerado un color de mala suerte en las competencias de motor, especialmente en Estados Unidos. La creencia llegó a ser tan fuerte que muchos equipos evitaban utilizarlo en sus vehículos de competición.
Kawasaki decidió hacer exactamente lo contrario. Para participar en las 200 Millas de Daytona, en 1968-1969, la marca buscaba que sus motocicletas fueran mucho más visibles frente al público y en las transmisiones de televisión. La solución fue apostar por un llamativo tono verde lima.
Las Kawasaki A1R y A7R aparecieron así en Daytona con una decoración que rompía completamente con la tradición. No ganaron aquella carrera, pero consiguieron algo que para la marca era fundamental: nadie podía dejar de mirar sus motocicletas.
La historia comenzó alrededor de las 200 Millas de Daytona, donde Kawasaki buscaba diferenciar sus motocicletas frente a sus principales rivales.
La apuesta funcionó. El verde dejó de ser simplemente un recurso para llamar la atención y comenzó a convertirse en parte de la identidad de Kawasaki. Ese mismo año, la marca llevó el color a sus motocicletas de producción, incluida la F21M Greenstreak.
Con el paso de los años, el verde lima terminó acompañando a Kawasaki en diferentes campeonatos y modelos deportivos hasta convertirse en un elemento inseparable de la marca.
Lo curioso es que aquella decisión basada en desafiar una superstición terminó creando uno de los colores más reconocibles del motociclismo.



